Avanza con bravura, no te detengas cuando las oscuras brumas de la travesía te embrujen, los bosques del miedo son solo espejismos ,aunque a veces el peligro acecha de verdad, sé cauto, pero no te paralices, si paras que sea a respirar, regenerarte, contemplar, incluso visualizar…

La vida es salvaje ,si, pero encontrarás compañeras y compañeros que te alienten, que te insuflen cantos de gloria y salvación.

Y cuando menos lo esperes inesperadamente respiraras libertad, a veces incluso en mitad de la bancarrota anímica.

Habrá momentos de pánico y desesperación pero te levantarás.

Habrá camas donde tumbarte y miradas y abrazos dónde descansar.

Y las musas te colmarán de gracia y tu sonrisa se inundará de gratitud.

Y jamás volverás a caer en los infiernos pues por nada venderás tu paz, ni por una vieja alegría,pues será paz verdadera, felicidad oceánica, y no una aburrida tregua hija de la frustración ,pues serás hijo de lo Nuevo y lo nuevo será tu eterno amanecer, bienaventurado hermano, buenaventurada hermana.

Mi dicha, mi destino, mis erguidos compañeros en las batallas de la existencia, nuestro silencio reirá en la victoria de los que supimos permanecer impertérritos ante la desdicha que nos cayó o que nos buscamos.

Cuando el fracaso te azuce con maligna sorna y te susurre frases incapacitantes al oído, recuerda tu fortaleza, sal de ahí, corre, vuela, llama, implora, ríe, camina ¡vive!

Vamos juntos

Sergio Sanz Navarro

Ahora ya, no hay ya , sino yaya, opresión ,sin presión con presión, calma chicha de un puerto sin barcas. ¡Ay de mi! sin mi cuando ti no está en mi.

Dejar de escribir es enfrentar tu bronca, la mía, la estación de la frustración, un correo quebrado, una misiva fallada, una carta mojada, una tinta derramada, una tristeza real, un ronquido sin Dios, una tos frágil, un padre que reclama, una madre rota, una cárcel fría , una botella vacía, un grito sin espacio, un escrito sin comas, una argentina sin argentinos ni argentinas, una policía sin chaleco, un caos fino sin tregua , un sabina sin whisky, una misa sin canto, una campana sin vida, un espanto sin ni si quiera espanto, una luz cegadora, un perfume sin perfume, un dolor de cabeza, una clama sin clama, un idioma sin significado , tu puta sin puta, una puta, mi puta, mi vida, mi llanto…

Sergio Sanz Navarro

Me desperté en mitad de la noche y mi barca estaba sola y errante en mitad de un oceáno oscuro de incomprensión, solo me guiaban de vuelta a mi alegre sentío las alabanzas gitanas de mis mocedades espirituales. Había en mí, arrepentimiento, pendientes de culpa y precipicios de saña.

Ni sexo placentero , ni amor, ni soledad de la buena, solo un vacío que sonaba a duelo como las campanas de la iglesia de un pueblo huérfano.

Victima de mi, ¿ de quién si no? Mis dedos señaladores se achantaban ante tal magnitud de responsabilidad y sin embargo me sentía tan caprichoso, tan inmaduro, tan terco en mi debilidad…

Mi boca sabia metálica cual hospital y mi cuerpo en el que me fundía deseaba mimo y abrazarte mujer, mas yo solo encontraba indiferencia, la indiferencia del yo sin la plenitud del nosotros.

Ginebra ya no era una ciudad vip y ric, era una botella rosa que sonaba a destino y la cárcel era la canción de una jueza cuyos ojos brillaban a deseo cohibido.

Ah! Si yo tuviera ese aire de sierra morena! Repiraría mar y miles de curros jiménez y estudiantes correrían por mis venas…

Mas solo estabas tu frente a mi, grisácea pared, y soniditos de rechazo en la habitación. Ridícula se había vuelto mi vida y yo un payaso sin intentos, mas la gloria acecechaba y cual gloria me resistía y me acordaba y yo brillaba en las esquinas de tu sin razón sin razón y mi padre decía que no sabía lo que escribía y mi madre me seguía el rollo y rezaba y la compasión en la autocompasión me mecía y en las mesas de ping pong la antonia me decía que satanás era el sonido que sonaba cuando ella no cantaba y su hija, su hija, me decía…

Ay de mi! Pobrecito jaja risa suena y calla llanto y ríos corren por tus ojos cuando me miras que por que nó decirlo yá que tan feos ay y yo aqui tocándome la y la , que la sin mi estuvo en si y volvió a do porque re sonaba triste y guitarra suena a gemío y a veces a gemido y la noche es silencio que llena y otras veces es el eco de la amargura que no es cura sino castigo.

Dignidad, mistérica palabra, pero ya ves, no es otra cosa que entrega y que dejes de recopilar razones para poder amarme, para dejar de repudiarme.

Soledad es despedirse de escribir , es encontrarse sin poemas, en la bancarrota espiritual, en la compañía de la muerte, en el silencio sepulcral sin fin, pero sin embargo… cuando vienen a mi los cantares… de adentro de mi… los cantares de los cantares, me postro de sonrisas y la vida se vuelve postre de Ti, mi Amiga, mi Hermano, Gitano, Gitana, llano… bravo, clavo, especia dulce de mi dulce pulmón.

Sergio Sanz Navarro

Cuando rechazas tu pasado, rechazas tu presente y tu futuro, cuando rechazas el futuro que crees que vas a vivir rechazas tu experiencia presente y tu pasado. Cuando rechazas tu presente rechazas tu pasado y tu futuro ,porque todo está enlazado.

Al rechazar tu pasado, tu presente o tu futuro rechazas la experiencia completa de tu vida. Porque la vida no se te da momento a momento, la vida se te da entera y al abrirte a recibir este momento la recibes en su completitud ,y completitud es lo que experimentas, nosotros transitamos la vida que se nos da, fundirse con la voluntad de “Dios” no es resignarse a la interpretación que le damos a los hechos, que tu voluntad sea una con la voluntad divina es estar dispuesto a amarlo todo sin sacar conclusiones, es ofrecerte cual padre madre del universo a recibirlo todo con amor. Por eso me gusta más usar la palabra abrazar, porque el abrazo es no-dicotómico, es permiso total a que coexistan nuestros rechazos con nuestra voluntad de estar en armonía con el guión de guiones con el que el universo se brinda a si mismo, no es vano, la etimología de la palabra perfecto es per (total) y fecto ( de “factum” , “hecho”) es decir aquello que está “totalmente hecho”. Perfecto no es que te exijas y fuerces a sentir una armonía” iluminada” impostada de una supuesta aceptación dicotómica que está en lucha contra el rechazo por invadir por completo nuestro corazón, sino precisamente darle un lugar a todo en nuestro infinito espacio interno donde imbuimos a todo de suavidad y ternura desidentificándonos de lo que le ocurre a nuestro personaje viviéndolo como un servidor más de la gran obra, el abrazo permite la desidentificacion, el autoataque interno hacia afuera o hacia dentro nos atasca en la identificación de nuestra lucha, eso es la presencia , eso es el presente y no un supuesto espacio temporal entre pasado y futuro sino precisamente el presente es el regalo , como indica la otra acepción de la palabra presente y el regalo no es otro que el de recibir todo lo que ocurre en el tiempo desde el no-tiempo del océano de nuestra esencia, es tener la humildad de que la vida orquesta todo para nuestro reencuentro constante, creativo y expansivo con el amor que somos, sabe lo que es mejor para nosotros que esa terquedad ofuscada en la que a veces nos atascamos, la entrega total es la ofrenda que nos sintoniza con el Todo.

La confianza es omnidireccional hacia esos supuestos tiempos y nos brinda la fluidez. La conjugación verbal “si hubiera” es la más falsa que existe, es una manera de torturarnos, el no-cuestionamiento de lo que ocurre no son unos grilletes para que no hagas todo lo que quieras hacer en pos de tus sueños, sino que es la consciencia coetánea de estar en armonía con que el libre albedrío no existe y a la vez soñamos que existe. Sólo es libre aquel que ama incluso cuando siente que no puede amar, nuestra capacidad de amar abraza nuestra sensación de incapacidad y todo se transforma, el futuro no cambia, es el que estaba dispuesto para nosotros, pero aún así sentimos que si estamos cambiando nuestro porvenir, esta es la paradoja, el misterio que una mente programada no puede comprender pero en el que el corazón goza al recordar nuestra eterna invulnerabilidad que es de todo menos indiferencia y dejadez sino amor infinito en el que nos reconocemos y engloriamos en la gracia.

A veces me voy a lugares lejanos tan solo para escribir, ni si quiera sé si voy a hacerlo, ni si quiera sé a dónde voy ni con quién me encontraré pues la mayoría de las veces no encuentro nada que no sean esquivos rostros de desconocidos con los que bailar juntos el inerte baile de la indiferencia y las palabras vacías. A veces hasta cojo el metro para ello y voy a lugares donde en algún momento fuí feliz y dónde muchas veces solo encuentro furtivas notas de vacío y me siento como si navegara en un bote atado a un muelle.

De veras a veces me la paso buscando pues siempre me negué a condenar la búsqueda. Tantas personas hablan de encontrar, a veces sin buscar encontré pero la mayor parte del tiempo me la pasé esperando encontrar mientras buscaba. Son días extraños, cualquiera que contemplara mi ruta, podría mirarme como una abeja aletargada que ha perdido el rumbo en la colmena ,pero sin embargo cuando de repente paro y bebo esa dulce tristeza cercana a la autocompasión, saboreo una miel que comparto cómo puedo alejándome de los tópicos y sin tomar psicotrópicos, para ir al trópico de esa lírica y tropical bohemia que respiro sentado en los puentes que atraviesan las noches lacustres de las playas púrpuras de mi corazón.

Qué pena siento cuando las horas se me tornan preliminares que no desembocan en subidones , cuando la vida se me torna introducción y ya, cuando exploro los acuosos y variados colores de la soledad y echo de menos esa alegría sonrisa que tiene su causa en ella misma que me encanta compartir cuando me enamoro.

Es ancha la estrechez del anhelo que vibra en aquel que persigue con ahínco el éxtasis del amor, amarga como ver una hermosa velada desde las rendijas de un pórtico en una fresca noche de verano.

Y sin embargo un oceáno de silencio me inunda cuando escribo la música que exhala estas palabras y el ruido se torna tan solo en ondas desintonizadas y huérfanas que expelemos cual lanza tiros al aire un frustrado vaquero en el lejano oeste.

Perplejo de hermosura en tan ignoto paisaje, cada vez más tierno con todo, abrazo toda alarma y me deleito en la compasión y aunque a veces acurrucado en mi cama siento frías cosquillas de tintineos de campanas negras de muerte ,es cada vez mayor la calidez que me inunda cuando me hermano con una suerte de rendición que surge cuando dejo de inflar las pretensiones que surgen en mi cuando me peleo conmigo para no resignarme a no “aprovechar”” la vida y volar en el placer.

Esa es para mí la magia del atardecer, es por eso que llamé así a mi blog y a mi primer libro. Porque para mí el atardecer es un sentir de tregua, pero una tregua que se perpetua en paz eterna y disuelve el tiempo. Atardecer es cuando miro la vida y me enamoro de mi mirándola y me enamoro de mi amándola. Atardecer es cuando el brillo de mis ojos se extiende oceánicamente a todo y me diluyo y me baño en el mar delicioso del reencuentro con la efervescente vida. Atardecer es soñar en tus ojos el amor real y bailar inconteniblente la inexplicable alegría del misticismo. Atardecer es cuando ya no existe más el llegar tarde, y mi experiencia se convierte en la serena dicha de un florido balcón que se funde con la mirada de un paisaje precioso, iluminado con las antorchas de la belleza al desplegarse el arrebol de nuestra divinidad en la creación. Y así es como viajo del enfado a la gratitud. Gracias a ti que me lees, a ti que te siento en mi sonrisa, a ti, que respiramos juntos el vértigo de esta aventura y la calma que se nos brinda cuando descubrimos que este soñar delicioso nos despierta de toda pesadilla y toda preparación para la fiesta se convierte en la fiesta misma.

TEDIO EXISTENCIAL Y ANGUSTIA

CUANDO LA VIDA SE SIENTE ABURRIDA, REPETITIVA, AMENAZANTE…
..la desazón, la desgana y el desamparo nos carcomen por dentro

¿Sientes que tu vida ha perdido todo su sabor y se ha vuelto monótona? ¿Has perdido la alegría de vivir? En este texto encontrarás algunas de las causas que apagan la llama de la vida y algunas sugerencias llenas de poesía que te invitarán a volver a encenderla.

Decidí escribir este artículo debido a que el tedio o aburrimiento existencial ha sido siempre uno de los grandes temas de mi vida y no ha sido abordado en profundidad por la psicología al no considerarse una categoría de gravedad como por ejemplo la depresión, y tampoco por la literatura, al no considerarse fuente de inspiración como otros estados vistos con un halo de belleza, sea así la melancolía.

Decía Pascal que solamente aquél que es capaz de estar solo en su habitación es capaz de ser feliz y se refería a aquellos que son capaces de ponerse frente al aburrimiento: esa sensación tan rara que mezcla tantas palidecidas emociones y que es un espejo feroz que nos devuelve el reflejo exacto del momento existencial en el que nos encontramos.

¿De qué estamos aburridos? ¿De nosotros mismos ? ¿De responder siempre con los mismos patrones de defensa ante cada oportunidad?

Para el psicólogo Boyle ” el aburrimiento es la antesala de la creatividad”, pues es un estado que nos desafía a crear nuestra vida. Si algo nos aburre es porque resulta repetitivo, y esa monotonía proviene de cierta vagancia o pereza de un espíritu que diariamente hace concesiones al miedo, y cuando el miedo consigue ganar terreno, la energía poco a poco se estanca, provocando que la cangrena negruzca de la desazón se extienda por todo el ser y haga que quedemos agonizantes y sin oxígeno, y resisitiéndonos a lo nuevo, resistiéndonos a abrirnos y relamiéndonos los dedos del plato seco de un banquete que una vez nos brindó plenitud.

Querer saber que va a ocurrir es uno de los embajadores del miedo.

Querer saber que va a ocurrir nos hace dar un casi involuntario rápido portazo cuando la vida tiene a bien traernos esos vientos frescos de amor que tanto anhelamos pero que en el fondo tememos.

Querer saber todo lo que va a ocurrir, prepararse, es mutilar la voluntad y el deseo, y es así como dejamos de sorprendernos de la vida y de nosotros mismos. Ese control proviene del miedo a sentirnos necesitados y vulnerables y esa resistencia crónica y autoinmoladora nos lleva a apagarnos y a experimentar la ausencia del deseo. En este sentido, diferenciamos entre tedio situacional, que seria la ausencia de objeto de deseo y el tedio existencial, que sería la ausencia de deseo en sí. Los que padecen de este último tipo podrían ser considerados iluminados por los budistas, pero sería una consideración errónea ya que no hay paz alguna con esa ausencia de deseo, sino por el contrario, un ansia tremenda de volver a recuperarlo y de degustar otra vez esa cascada quimica y eléctrica de placer que recorre todo el cuerpo y que acaricia cada rincón del ser.

El aburrimiento es como dijo José Antonio Marina : ” El pariente pobre de la angustia”. Pero no podemos decir que se trate de dos categorías distintas, sino que ambas se establecen dentro de una categoría dimensional donde la angustia sería el paroxismo del aburrimiento y el aburrimiento una niebla de angustia que empapa y pesa en el alma y que viene acompañado por un dolor sordo y terco que hace zozobrar nuestros constantes impulsos por levantar el ánimo. Esa húmeda niebla motivada por la pirotecnia de la imaginación nos lleva con sus fuegos artificiales a buscar esa sensación de plenitud que tanto anhelamos. Paradójicamente, la entrada en ese iluminado parque de atracciones de luces de neón puede hacer que nos precipitemos sobre un desolador parque fantasma de luces apagadas, cuyo vómito tiende a devolvernos de nuevo a la frustración.Tratando de atraer lo nuevo, recolocando nuestras amarillentas gracias y viejas glorias en el presente, solo nos condenamos a degustar una vez más un chicle sin sabor.

Existen expresiones como “perder el tiempo” o ” tiempo muerto” que aluden a momentos que, lejos de nutrirnos o regerenarnos, los vivimos como un abismo por el que tememos ser succionados para desaparecer en el olvido. Una sensación de alarma y culpa como si al aquietarnos, el mundo entero fuera a derrumbarse sobre nosotros y a aplastarnos.

Es de esos momentos de los que muchos huímos camuflados en el frenesí de un no parar de hacer cosas, y es así como nos topamos con la desagradable sensación de estar perdiéndonos algo maravilloso que está sucediendo en otro lugar. Otras veces pasa que nos topamos con el potencial sin usar, o reprimido, y entonces sentimos que nos estamos desperdiciando.

Si tuviera que citar un libro que recoja toda una recopilación literaria y filosófica de aquellos que se adentraron de bruces en este tema, sería : ” La escuela del aburrimiento” ,del mexicano Luigi Amara. En él, el autor se interna 40 días en su casa con el fin de enfrentarse a esa sensación que tanto teme y que le resopla detrás del oído cuando se sienta solo en su raído sofa. El intento de Luigi se apoya en la esperanza y suposición de poder llegar a atravesar un umbral dentro de ese aburrimiento que pudiera desembocar en la paz interior. Pero contrariamente, le sucede que se desespera y no lo consigue, como no lo consigue ninguno de los autores que cita. Y es que lo que no aguanta es ese sentimiento de sentir que no se siente, pues el aburrimiento etimológicamente proviene de “ab horrere”: sin horror. Se aplicaba a los enemigos que no eran temibles, que no podían matarte en la lucha, es decir, algo que ni si quiera hace sentirte horror, como un miedo a un no sentir que ha llegado por un miedo a sentir; un limbo enloquecedor donde la voluntad y la razón retumban como pelotas de pin ball en los estrechos pasillos del dolor.

Cuando el aburrimiento no se puede trascender, se tiende a la transgresión como resultado de agarrarse a un algo con tal de sentir, aunque para ello se tenga que atravesar una ley moral o algo considerado vicio. De ahí que multitud de adicciones sean una huida del aburrimiento y que aparezcan crímenes en los periódicos motivados por el mismo, algo que nos muestra la cara más horrible de este fenómeno.

Luigi Amara se fue otros 40 días a Las Vegas, la ciudad de la diversión, y allí solo encontró “aburrimiento en movimiento”.

Schopenhauer decía que el barco de nuestra vida navega entre dos grandes monstruos, Escila y Caribdis, la agitación y el tedio…. y el tedio es ese monstruo voraz que con su bostezo nos devora y que Baudelaire retrató minuciosamente en su poema ” Al lector”:
“Afanan nuestras almas, nuestros cuerpos socavan

La mezquindad, la culpa, la estulticia, el error,

y, como los mendigos alimentan sus piojos,

Nuestros remordimientos, complacientes nutrimos.

Tercos en los pecados, laxos en los propósitos,

Con creces nos hacemos pagar lo confesado

Y tornamos alegres al lodoso camino

Creyendo, en viles lágrimas, enjugar nuestras faltas.

En la almohada del mal, es Satán Trimegisto

Quien con paciencia acuna nuestro arrobado espíritu

y el precioso metal de nuestra voluntad,

íntrego se evapora por obra de ese alquímico.

¡El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!

A los objetos sórdidos les hallamos encanto

E, impávidos, rodeados de tinieblas hediondas,

Bajamos hacia el Orco un diario escalón.

Igual al disoluto que besa y mordisquea

El lacerado seno de una vieja ramera,

Si una ocasión se ofrece de placer clandestino

La exprimimos a fondo como seca naranja.

Denso y hormigueante, como un millón de helmintos,

Un pueblo de demonios danza en nuestras cabezas

Y, cuando respiramos, la Muerte, en los pulmones

Desciende, río invisible, con apagado llanto.

Si el veneno, el puñal, el incendio, el estupro,

No adornaron aún con sus raros dibujos

El banal cañamazo de nuestra pobre suerte,

Es porque nuestro espíritu no fue bastante osado.

Mas, entre los chacales, las panteras, los linces,

Los simios, las serpientes, escorpiones y buitres,

Los aulladores monstruos, silbantes y rampantes,

En la, de nuestros vicios, infernal mezcolanza

¡Hay uno más malvado, más lóbrego e inmundo!

Sin que haga feas muecas ni lance toscos gritos

Convertiría, con gusto, a la tierra en escombro

Y, en medio de un bostezo, devoraría al Orbe;

¡Es el Tedio! -Anegado de un llanto involuntario,

Imagina cadalsos, mientras fuma su yerba.

Lector, tu bien conoces al delicado monstruo,

-¡Hipócrita lector -mi prójimo-, mi hermano!”

¿Qué salida nos queda frente a semejante desdicha?
Hay un cadáver agonizando dentro de nosotros, un frankestein que creamos para sobrevivir como sustituto de nuestro verdadero ser y al que cada vez le cuesta más respirar. Ese cadáver está lleno de balazos, de expectativas fallidas, de deseos incumplidos, y se ha sublevado contra nosotros en un intento patético y tétrico por sobrevivir. Nos mira con su ojeriza mirada entornada con asco y suspicacia, pero aguanta y se alimenta de queja y desagradecimiento, de control y odio.
¿Por qué creéis que últimamente están teniendo tanto éxito las series de zombies? El verlas nos permite descargar en forma de catarsis una realidad inconsciente que nos ahoga por dentro.

Soportar ese cadáver y cargar con él es vivir la existencia como impregnados en una telaraña de piel muerta. A la ayahuasca le llaman la “soga de los muertos”, muchas personas experimentan con ella la muerte anticipada de ese cadáver viviente, e incluso huelen su peste.

Y digo anticipada como digo cuasi-definitiva, pues la ayahuasca es la única que nos permite ver el rostro fantasmagórico y dantesco de esa herida viviente que gobierna nuestra vida, herida de rechazo hecha de carne muerta con pus y artificiales extensiones de defensa que hemos creado para que nadie toque esa llaga que tanto ocultamos. Yo una vez la ví, ví mi herida, su rostro y como ella decidía por mí, percibía por mí y “amaba” por mí, tomando el control de mi vida y vistiendo mi miedo con desgana. Hay que estar muy atentos cada vez que esa sombra desarraigada, hecha de furia y de pasado, trata de usurpar el trono que le corresponde al amor.

Otras medicinas como el bufo alvarius, nos permiten vivir una experiencia momentánea y eterna de reconciliación y de gratitud total por la existencia. Pero también nos hace percibir la ridícula y estentórea voz del ego con la que se teje el tedio, ese torpe desatino de una compresión limitada y obcecada de la percepción leprosa de un mundo donde a todo y a todos nos falta algo, un algo que solo la energía avasalladora del amor infinito podría sanar.
Al regresar de la experiencia con la ayahuasca vemos cómo esa voz se recompone y nos enreda en una prisión de dudas, pero al menos ahora comprendemos un poco mejor su absurdidad, y ya conocemos la posibilidad de que tal voz no exista.

He explorado “herramientas” para darle el golpe de gracia a ese cadáver como las “disonancias cognitivas conscientes” como camino hacia la transformación, actos transgresores de coraje en los que aparentemente vas en contra de ti pero en realidad vas a favor viajando a través de esa parte que ignora “lo seguro” “lo de siempre” y asi prender de nuevo en ti esa hoguera de fuego que arrase con todo lo caduco y así emerjan en tu interior los renovados vientos de la inocencia, y las ganas de vivir.

Sergio Sanz Navarro

Escrito en 2017

LA MOTIVACIÓN ESENCIAL

A veces siento que decidí mal, a veces siento que me autosaboteo y es cuando más tentador se me hace machacarme. Una simple elección de ir a un lugar en vez de a otro y una vez llegas a ese lugar te das cuenta que te gustaría estar en el otro… Entonces surgen las mil y una maneras de intentar repararlo.

Que angustia surge cuando sentimos que nos equivocamos en la vida, la culpa asedia cual bombardeo y la confianza en el presente titubea. Surgen las viejas creencias con fuerza de que que hay patrones de autoexclusion y autosabotaje que se repiten, que parece que no se curan, la soledad se intensifica y todo se seca, solo quedan el estruendo y el agobio y el universo ya no es sinfonía sino un zumbido desentonado por un supuesto fracasado maestro de orquesta que eres tú, solo queda sufrir…

Ese psicoterapeuta macabro que llevamos dentro con el que intentamos autoarreglarnos se ceba con nosotros y la ansiedad se vuelve nuestro exasperado movimiento jurándonos que evitaremos ya de aquí en adelante ir en contra de la voluntad de nuestro corazón en vez de ir a favor de esa supuesta falsa voluntad que nos engañó y que parecía también venir de nuestro corazón, sentimos que nos hemos autotraicionado porque nos encontramos de repente en un momento que está fuera del idílico guión que dibujamos con nuestra mente y que se teje con la desconfianza en el misterio que nos invade. Yo escribo y observo que lo hago para sacar la miel de esta hiel que sólo puedo abrazar, ¡qué sequedad! , ¡qué duelo por lo que imaginamos poder haber vivido!, ¡que dolor más absurdo!, ¡qué ruido que hace que todo esto que no podemos sentir al amor mecernos!

A veces aparece porque no le pediste el teléfono a la chica que conociste, a veces porque elegiste irte a un lugar solo o a jugar al baloncesto y cambiar la cita con una chica que crees que te empieza a gustar… Y que tentador se hace decir que es porque te autoexcluyes porque tienes miedo del amor o para castigarte y que tentador que es insultarte de que fuiste un tonto por caer en las trampas de un supuesto inconsciente perverso que está en contra de ti.

Buscas mil consuelos y te dices a ti mismo que todo obedece a un propósito mayor que te guía hacia un triunfo pero lo que puedo decirte es que sólo desemboqué en algo de paz cuando comprendí que todo está para ensancharnos en un amor radical y misericordioso . Puedes juzgarte diciendo que te justificas, que te autoengañas , que no quieres profundizar en lo que te “jode la vida” y quedarte en la superficie, pero a veces solo queda abrazar la insipidez de lo prosaico, rendirse a lo inentendible por grotesco y de mal gusto que parezca lo que nos ocurre. El autoengaño esencial es creer que en algún momento dejaste de ser digno de dejarte amar, de justificar que ahora sí que la cagaste y debes cerrar el grifo que hay en el centro de tu corazón hasta que todo vuelva a ese cauce que imaginaste. La evolución no es tener cada vez más dinero, no es tener la pareja perfecta y todos esos criterios que marca el evolucionómetro, la “evolución” es la expansión del amor que te inunda aún cuando te sientes “involucionado” o estancado. La motivación esencial es sentirte cada vez más capaz de recibir todo con amor y eso es lo que más te prende de vida porque todas las demás motivaciones de proyectos de vida pueden caer en cualquier momento y ¿A qué te agarrarás? ¿Cuál será el gancho que te levante de la cama por las mañanas cuando ante tus ojos se pinte el “desolador” paisaje de tus ambiciones desinfladas…? No renuncies a tus ambiciones pero no te olvides de tu ambición primordial… Es la única que permanece en eso que llamamos tiempo… Es la que te enraiza en tu eterna inocencia esencial y la que opera dulcemente para que tú experiencia extrañamente se convierta en un enamoramiento sin razones por lo que ocurre aunque no lo entiendas y que surge de tu deseo inextinguible de amar.

¿Y si el autosaboteo no fuera la falta de destreza mental para evitar lo que se supone debieras haber evitado sino que fuera el autoataque interno que sucede cuando no “logramos” que las cosas surjan según nuestras expectativas? Una vez escuché que la consciencia llega antes de que ocurra algo para evitarlo y el amor llega después de que ocurrió para mimarte y también escuché que la consciencia solo sirve hasta el momento en el que descubres que eres amor. Esto último me resuena más porque lo primero implica vivir en la tensión, en la alerta, en la anticipación, en la atención a los hechos en vez de en el embelesamiento en la luz que ilumina con amor nuestro incognoscible destino , ese destino que siempre tratamos de cambiar cuando sentimos que nos lleva a la tragedia y no a la gloria, la verdad no sé, solo deseo vivir en la belleza que surge cuando el amor envuelve con su mirada divina de diosa todo lo que transito. De esa manera me uno al suceder sin interpretarlo y mi destino se colma en la dicha del amor presente que todo lo abraza y siento compartirme al universo entero y al universo entero compartirse en mi y el destino deja de ser la fatigosa espera en pos de que un juez siniestro me ponga una buena nota y me diga que hice todo correcto mientras se sienta postrado en mi cama al final de mis días, de mis horas.

Llega un momento en el que simplemente te hartas de cuestionar la perfección de lo que ocurre porque comprendes que lo perfecto no está “fuera” sino que la perfección es mirar desde lo perfecto, desde el amor que es lo infinitamente perfecto, lo infinitamente real que nos libra del zarandeo de lo falso para así poder descansar en las aguas cristalinas del perdón, per- don, don alquímico de nuestro camino que nos funde en la Totalidad.

Sergio Sanz Navarro

Sin conocerme me amas, sin conocerte te espero y te conozco en la espera, y me desconozco a veces cuando exhausto no puedo más apretar estás ganas de seguir corriendo rumbo a ti sin saber dónde estás y sin más brújula que mi deseo.

Sin haberte encontrado siento perderte y sin encontrarte te busco y siento que de mi huyes excepto en esquivas miradas que se dan en las inhóspitas y misteriosas dimensiones de la vida que pasan como trenes que no paran en la estación del encuentro.

Sin reconocerme siento que me ves y sin dormir siento que te sueño. Sin que me rechaces el patetismo me visita y de lejos me llegan y me tocan sus improperios aunque trate de dejarlos pasar .

Sin llamarme me impeles a gritarte , con la esperanza de tu existencia late en mi la certeza de que jamás me jubilaré de este júbilo que es el foco de luz que me guía en la oscuridad de las ciénagas pantanosas de la ansiedad. Si escucho, de lejos suenas aunque en silencio estés y de mi boca salen las canciones que me acompañan en la travesía, mientras le pongo voz al latido de tu belleza y que al cielo lanzo y te dedico para que el aire te las lleve cual mensajero del tambor de la guitarra de mis pulmones, amplificadores acantilados con los que expando la vibración que en mi se alegra para que lleguen a ti aunque sean los dulces ecos de mis anhelos, patria fresca de mis tardes.

Sin que me acaricies la ilusión de ti arropa el frío que por dentro me quiebra. Veo tu ausencia en mi mirada perdida y me cito contigo en lo profundo de ella donde nadie puede impedir está intimidad única que mi corazón canta contigo y que saboreo cuando los vientos de los perfumes de tu existencia se convierten en la brisa que acaricia mi vida en los atardeceres de las playas del amor en el que te vivo en mi.

Por el balcón de mis sueños me asomo en los púrpuras y humeantes horizontes de mi imaginación. Tumbado y ebrio de nostalgia por amargos ” si hubiera” y oxigenantes “podrías”, entorno la mirada desasosegado buscando las sensaciones y experiencias que colmen de bienaventuranza mi sed.

La soledad se siente a veces como una canción y un baile que no puedes compartir , es como contener con frustración todo el amor y la celebración que te gustaría saborear. No es la soledad de no estar con nadie, es la soledad de no estar como y con quién te gustaría estar, es la soledad que tiene el color que dejan las sombras de las inmensas ilusiones que el alma esboza con su juguetona inocencia.

Cuando caigo preso del letargo, mi cuerpo se paraliza y mi mente divaga enjaulada y lucho por respirar un aire que está lejos de mi, a millas intangibles de mi, que recorro en un tiempo que no existe y que no es el no- tiempo de un ahora pleno sino el ahogo de un lobo blanco que zigzaguea en un sótano gris.

El aburrimiento siempre fue el motor de mi vida, me impulsó a no desperdiciar mis ganas de vivir y disfrutar , y mi energía vital en el estancamiento del miedo, siempre me azuzó para desesperarme hasta que no me quedara otra que aprender a navegar la espera, esa espera de un no sé qué que conozco y a la vez es sorpresa, esa sorpresa que esa “ella” sin nombre y que en tantas miradas vi porta.

Y cuando no supe esperar salí a buscar y a veces encontré, otras me calmé y otras me destruí mientras deambulaba ciudades que se convertían en desiertos de frío.

Invoco al deseo de placer y felicidad que hay en ti hasta que no sepas distinguir el uno del otro, hasta que la felicidad la sientas como ese placer burbujeante que rebosa en las células del infinito universo que eres.

Invoco a que lo escuches y convirtamos todos este mundo en la agradable bacanal que supone el consentimiento y el permiso que nace de atrevernos a hacer de nuestra vida la gloriosa y suprema manifestación del hedonismo artístico, espiritual ,corporal y amoroso, todo ello fundido en el encuentro que surge cuando después de espiar esos amantes por la ventana con inquieta envidia, de repente giras y ves a tus amigos y amigas, a tus amantes y quién sabe si el amor de tu vida que es este momento entrar por la puerta de tu casa y prender el altavoz de la música de aquellos que no se olvidaron que están vivos y que los torrentes de su sangre son la alegría de un inextinguible y refrescante volcán de amor, sinónimo viviente y eterno del éxtasis.

DULCE BOCANADA BLANCA

Nos metimos juntos en la oscuridad para descubrir la luz…

Nos perdimos en la noche fúnebre, para encender las púrpuras antorchas de los deseos consumados que en su insaciabilidad se saciaban infinitamente.

Nos matamos a gritos de furia, a guerras ciegas, y nos volvimos a abrazar sin palmaditas, con suave y tierna profundidad.

Nos enjaulamos en cárceles mentales y aporías que jamás existieron en realidad… Para descubrir lo que es volar suspendidos en la perfección inasible que se abre cuando no sacamos conclusiones sobre lo que pasa.

Bailamos extrañas danzas con la muerte mientras suspirabamos de miedo por no caer en la ruina y alzamos el cuerpo de nuevo respirando a pleno pulmón desgañitando nuestras gargantas cantando los himnos de la victoria de la redención eterna y la celebración.

Ensoñamos paisajes bucólicos mientras tirados en la acera nos consumíamos en la soledad y volvimos juntos a entonar reggaetones de frescura de cachimba de tarta de frambuesa y flamencos de corazón pleno.

Ensoñamos, si, y a veces vivimos el ensueño… De amores furtivos, imposibles, que sólo brillaban posibilidad cuando nuestras miradas se cruzaban y nos fundíamos oceánicamente con el todo sin que nadie existiera más que esa dulce sensación de frescura de encuentro, de mojito, de picardía de pasión.

Caímos, si ,caímos, incomprensiblemente guiados caimos…

Quisimos controlar y al final soltamos lo que nunca cogimos ni pudimos coger, nos relajamos en la libertad que supone no tener que decidir, elegir… Pues aprendimos que sólo existe una elección, posible, real… Entregarse

Todos juntos nos metimos y salimos para volver a entrar de donde nunca nos fuimos, del vientre al aire libre más precioso que existe… El del amor.

Sergio Sanz Navarro