Me desperté en mitad de la noche y mi barca estaba sola y errante en mitad de un oceáno oscuro de incomprensión, solo me guiaban de vuelta a mi alegre sentío las alabanzas gitanas de mis mocedades espirituales. Había en mí, arrepentimiento, pendientes de culpa y precipicios de saña.

Ni sexo placentero , ni amor, ni soledad de la buena, solo un vacío que sonaba a duelo como las campanas de la iglesia de un pueblo huérfano.

Victima de mi, ¿ de quién si no? Mis dedos señaladores se achantaban ante tal magnitud de responsabilidad y sin embargo me sentía tan caprichoso, tan inmaduro, tan terco en mi debilidad…

Mi boca sabia metálica cual hospital y mi cuerpo en el que me fundía deseaba mimo y abrazarte mujer, mas yo solo encontraba indiferencia, la indiferencia del yo sin la plenitud del nosotros.

Ginebra ya no era una ciudad vip y ric, era una botella rosa que sonaba a destino y la cárcel era la canción de una jueza cuyos ojos brillaban a deseo cohibido.

Ah! Si yo tuviera ese aire de sierra morena! Repiraría mar y miles de curros jiménez y estudiantes correrían por mis venas…

Mas solo estabas tu frente a mi, grisácea pared, y soniditos de rechazo en la habitación. Ridícula se había vuelto mi vida y yo un payaso sin intentos, mas la gloria acecechaba y cual gloria me resistía y me acordaba y yo brillaba en las esquinas de tu sin razón sin razón y mi padre decía que no sabía lo que escribía y mi madre me seguía el rollo y rezaba y la compasión en la autocompasión me mecía y en las mesas de ping pong la antonia me decía que satanás era el sonido que sonaba cuando ella no cantaba y su hija, su hija, me decía…

Ay de mi! Pobrecito jaja risa suena y calla llanto y ríos corren por tus ojos cuando me miras que por que nó decirlo yá que tan feos ay y yo aqui tocándome la y la , que la sin mi estuvo en si y volvió a do porque re sonaba triste y guitarra suena a gemío y a veces a gemido y la noche es silencio que llena y otras veces es el eco de la amargura que no es cura sino castigo.

Dignidad, mistérica palabra, pero ya ves, no es otra cosa que entrega y que dejes de recopilar razones para poder amarme, para dejar de repudiarme.

Soledad es despedirse de escribir , es encontrarse sin poemas, en la bancarrota espiritual, en la compañía de la muerte, en el silencio sepulcral sin fin, pero sin embargo… cuando vienen a mi los cantares… de adentro de mi… los cantares de los cantares, me postro de sonrisas y la vida se vuelve postre de Ti, mi Amiga, mi Hermano, Gitano, Gitana, llano… bravo, clavo, especia dulce de mi dulce pulmón.

Sergio Sanz Navarro

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