Esa plaza del barrio era mágica. Si un día te sentías desolado tan solo habías de bajar allí, había música por todas partes y personas abiertas a conversar.

Me bajaba allí a escribir, a enamorarme de tantas personas que me frustraba no poder conocerlas y besarlas a todas.

Había perfumes por todas partes y un montón de niñas chulas que tenian una mirada infinita donde me perdía como cuando te embruja mirar el horizonte del mar al atardecer.

Y luego así de repente la vida bailaba conmigo y me llegaban sorpresas como ayer cuando te conocí y me diste de probar tu dulce humo, ese momento en mitad del parque amando desde los suburbios y submundos del amor… y la conversación con tu hija en la que por un momento me sentí un padre lindo o un padrastro enrollado y las lágrimas acudieron a mis ojos.

Me enamoré de tanta inocencia, de tanta belleza. Me sentía totalmente acompañado y la soledad se tornaba solo un espejismo , la eyaculación sombría del miedo.

También le cantaba canciones de amor a mi vecina sin que ella lo supiera. Las cantaba conectandome con su ex marido porque una vez los escuché discutir aquel día que el se fue de casa, los dos eran adorables y su hija pequeñita era una bendición del cielo.

Había detalles tan hermosos en mi vida… cosas que yo hacía que me arrodillaba de admiración ante mi. Y a veces solo era yo testigo de ellas y no hacia falta contarlo porque hasta se me olvidaba porque el amor no es nada especial y a la vez siempre lo es.

A veces era abrazarte siendo un miserable y un necesitado sin creerte la historia del miserable ni el necesitado ni saber que es eso.

Otras veces era un ir y venir, habías de aprovechar el momento pues no sabías si volverías a hablar con esa chica y a la vez no me privaba de estar relajado. Ese era el riesgo que corría, vivirlo como si fuera a volver a verla, total era inevitable desnudarme, mis ojos eran dos portales unificados que llamaban a la picardía y cuando se cruzaban los tuyos la belleza inundaba todo con el conjuro de la magia divina del amor infinito. Era imposible elegir, ya habia soltao ese viejo sueño, tan solo respirar y amar . Tan solo volar…

Sergio Sanz Navarro

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