Dulce y suave como una noche de verano

Dejarme caer… que la naúsea me atraviese, que el amor y las ganas de estar a tu lado me maten y vivifiquen a la vez cada órgano de mi cuerpo con el estremecimiento de la flor de la entrega que se abre paso a través de mi.

Que la impotencia me tumbe en el dichoso y altivo descanso de los enamorados , que la serena paz de saberme amor me otorgue la calma en mitad de mi inquietud.

Que tus ojos convoquen a mi alma las ganas de de ser tocado por ella hasta la médula y que los ruidos del mundo se disipen y no perturben ante mi feroz determinación de estar junto a ti en la magia de nuestra intimidad.

Eres tan tierna y suave y a la vez tan salvaje… tan calmada y a la vez tan danzante que le vuelves loco a todo lo que trate de atraparte, el dia que con mi drakkar, con mi barco vikingo, entré por la rendija que se abría entre las aguas púrpuras de los acantilados de tu corazón me embarqué en una odisea en pos de llegar al centro de ti, donde está esa isla paradisiaca que custodias con tan denodado ahínco para que no la saqueen los perros inmundos, en esa isla donde nos rocemos. A veces pienso si te pasará igual que a mi,que ni si quiera para ti misma te desnudas del todo y sueño con mirarte jugando con tus velos pero dispuesta a dejarte ver y ser tocada por el temblor de mi corazón que teme y a la vez anhela tanto liberarse como el tuyo…

Sergio Sanz Navarro

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